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 El narcotráfico en América Latina

El caso colombiano

   

Lo que destaca en la pelicula de Joshua Marsto María, llena eres de gracia es su realismo. Es la historia de una chica colombiana que decide convertirse en mula, es decir, una persona que transporta drogas dentro del estómago. El cineasta se centró sobre todo en el lado humano de la historia, nos presenta la vida de esta joven de 17 años, la situación en que se encuentra, para que el espectador comprenda los motivos que impulsan a María a cometer el delito.

 

Mi propósito no es la interpretación de la película, a pesar de ser buena e interesante, sino que querría desarrollar el tema de las drogas. Y es que el narcotráfico es un problema no sólo de Colombia sino de toda América Latina. Además de global, es grave y muy complejo.

La industria del narcotráfico aumentó considerablemente en América Latina a partir de los años setenta, llegando a transformar la economía y la política del continente. Las empresas ilegales latinoamericanas, centradas principalmente en el tráfico de drogas prohibidas (en la actualidad comercian con cocaína, marihuana, heroína e, incluso, drogas sintéticas), basaron su estrategia en una adaptación peculiar de las políticas de crecimiento orientadas a la exportación inspiradas por el Fondo Monetario Internacional. De tal manera que entre los rasgos fundamentales de esta economía ilegal destacan: su orientación a la demanda y la exportación (su mercado más importante son los EE UU), y su internacionalización, con una división del trabajo muy estricta entre diferentes localizaciones.

 

En cuanto a las personas implicadas en las organizaciones ilegales, también existe una división interna diferenciada del trabajo en la cadena de producción y distribución. La estructura orgánica de las redes ilegales está encabezada por los comerciantes mayoristas, los denominados capos de los carteles[1] o mafias. Su papel no sólo consiste en la exportación de la mercancía, sino también en la coordinación y regulación de la organización, así como en el diseño y control de las rutas o autopistas ilegales a través de las cuales circula el material, que puede ser dinero o drogas. Entre sus tareas de coordinación, destaca la regulación de las relaciones exteriores, es decir, la creación del aparato o cordón de seguridad, que está formado por personas ajenas a la organización, pero a las que se paga por colaborar con ella (policías, jueces, políticos, abogados, empleados de aduanas, sicarios, etc.)

 

El sistema de blanqueo de dinero[2], aunque controlado por las organizaciones colombianas y mexicanas, es llevado a cabo por agentes especializados que colaboran principalmente con los bancos e instituciones financieras de Colombia, Venezuela, Panamá y Florida.

La interconexión es su forma de operación, tanto interna como en relación con otras organizaciones. Las alianzas estratégicas entre redes ilegales se crean mediante una estricta lógica empresarial, "se respetan mutuamente y encuentran puntos de convergencia a lo largo de las fronteras nacionales y los territorios de cada una".  La violencia forma parte de los instrumentos que tiene cada organización para hacer cumplir los tratos, variando de unas a otras. Entre 1990 y 1995 la violencia relacionada con organizaciones vinculadas al tráfico de drogas generó la muerte de 1.500 políticos y sindicalistas, más de 1.000 oficiales de policía, 70 periodistas, cuatro candidatos presidenciales, un fiscal general y un gobernador, además de muchas otras personas menos conocidas.

 

Como todos los hombres de negocios que se respetan, los narcos han sabido tender lazos con las clases políticas, sobre todo mediante la financiación de campañas electorales e insertándose en las redes clientelistas que definen el juego político de muchos países latinoamericanos. Redes que, justamente, sufrían la amenaza de agotarse, ya que una gran parte de los recursos generados en América Latina se dirigía (y se sigue dirigiendo) hacia el norte, para pagar los préstamos. En algunos países, los narcos se volvieron políticos, y en otros, son los políticos los que se volvieron narcos. A tal punto, que muchas veces ya no se sabe muy bien quién es quien. Por ejemplo, en México, donde se está dando un proceso de democratización se habla actualmente de “narcosistema”, de “narcopolíticos” y de “narcodemocracia”.

 

En América Latina, se trata de los mismos políticos quienes, al mismo tiempo que denuncian el intervencionismo estadounidense y la corrupción de los gobiernos que los han precedido, utilizan los narcodólares para lograr ser electos y, una vez en el poder, aplican las recetas neoliberales del FMI y las políticas represivas y perfectamente ineficaces de la lucha contra “la droga” impuestas mediante la “narcodiplomacia” de Washington. En consecuencia, aparece un gran problema socioeconómico cuyos dos ingredientes principales son las políticas económicas, que concentran la riqueza y extienden la pobreza, y medidas de tipo judicial, que reprimen violentamente la criminalidad que la pobreza genera pero sin acabar nunca con ella. El resultado es el crecimiento de la violencia que, al instalarse en la vida cotidiana, mantiene a las grandes ciudades latinoamericanas, ya de por si caóticas, y vastas regiones del campo, en un constante clima de terror y desconfianza.

 

AMÉRICA LATINA, el cultivo de coca.

La mayor parte de la cocaína que se consume en todo el mundo se obtiene de la hoja de coca cultivada en Colombia, Perú y Bolivia. De hecho, en 2005 el 58% de la incautación mundial de cocaína tuvo lugar en América del Sur, el Caribe y América Central. Colombia siguió siendo el país con el cultivo de coca más extenso del mundo, que representaba la mitad de la superficie dedicada al cultivo del arbusto de coca a nivel mundial. El porcentaje del año 2006 de la producción potencial de cocaína es siguiente: Colombia 60%, Perú 28%, Bolivia 10%.  Sin embargo, entre 2000 y 2006 la superficie mundial de cultivo de hoja de coca disminuyó un 29% (a unas 156.900 hectáreas), en gran parte debido a la reducción registrada en Colombia. En el mismo período aumentaron las áreas de cultivo en Perú y Bolivia, si bien a niveles muy inferiores a los del decenio anterior.

 

Estos cambios tienen mucho que ver con la política nacional. Colombia reduce la producción de la cocaína gracias a la ayuda de EE.UU., en contra Bolivia con su nuevo presidente Evo Morales lucha por conseguir más derechos de cocaleros en cuanto al cultivo de hoja de coca. La situación es muy tensa, hay muchas protestas.

 

COLOMBIA, llena eres de gracia.

La mayoría de los mercados mundiales de drogas comienzan con el agricultor. El cultivo de hoja de coca es una actividad muy descentralizada, lo que obedece a la necesidad de ocultar la cosecha para protegerla de la continua campaña de fumigación aérea y erradicación manual. La superficie media de las parcelas es pequeña, aproximadamente una hectárea, lo que hace que el cultivo de coca sea una especie de negocio familiar. En 2005, unos 68.600 hogares se dedicaban a esta actividad y cultivaban en 23 de las 32 provincias de Colombia. A nadie se le ocurre pensar que esas decenas de miles de hogares estén empleados directamente por la delincuencia organizada, pero tampoco son participantes independientes en el mercado.

 

Sobre todo en las zonas controladas por grupos insurgentes o paramilitares, se podrá recurrir a una serie de mecanismos para alentar el cultivo de coca, y los que cultivan la droga no son simples campesinos que cultivan una cosecha tradicional. El estudio sobre el cultivo de coca de 2005 de la ONUDD (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) y el Gobierno de Colombia constató que tan solo una tercera parte de los agricultores eran sólo cultivadores – el resto se dedicaba a elaborar la planta para obtener drogas, hasta el punto de crear cocaína base.

 

En Colombia existe ahora un fuerte conflicto entre agricultores de coca, el Estado aliado con EE.UU. y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Todo está muy vinculado. El Estado con la gran ayuda militar de EE.UU. quiere erradicarar los campos de cultivo de coca para destruir las FARC. Esta organización terrorista está muy presente en una zona del departamento de Antioquia (noroeste), además su principal fuente de ingresos proviene del narcotráfico. Las autoridades colombianas destruyeron en el 2007 más de 219.000 hectáreas de hoja de coca, y de esa cifra más de 66.000 hectáreas se erradicaron en forma manual. El gobierno colombiano se ha fijado una meta de erradicar unas 100.000 hectáreas de narcocultivos este año en todo el país.

Últimamente la policía mantiene una agresiva campaña de erradicación manual de los plantíos en Antoquia.

 

Sin embargo, los campesinos de la región sostienen una protesta intermitente desde hace varios semanas porque el cultivo de coca es su principal medio de subsistencia. Por otra parte, el comandante de la policía en Antioquia, coronel Luis Eduardo Martínez, aseguró que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) obligan a los campesinos a protestar por la erradicación.  Martínez reveló que guerrilleros de las FARC se encuentran ocultos entre los manifestantes.

No obstante, los cultivadores de coca no crean la droga terminada. La transformación de cocaína basada en clorhidrato de cocaína exige laboratorios de cierta complejidad, por lo que suelen estar a cargo de especialistas, no de agricultores. Cada consorcio delictivo, incluidos los grupos insurgentes y paramilitares, explota sus propios laboratorios, por lo que éstos están controlados directamente por la delincuencia organizada. El Gobierno colombiano destruyó 243 laboratorios de clorhidrato de cocaína en 21 provincias en 2004 y 163 en 19 provincias en 2005.

Las principales rutas de tráfico de cocaína del mundo siguen discurriendo desde la región andina, sobre todo Colombia, hasta los EE.UU. Las organizaciones colombianas siguen ocupándose del cultivo, la producción y el traslado inicial por vía marítima y algunas remesas directas a las regiones del Este de los Estados Unidos, mientras que las organizaciones mexicanas coordinan cada vez más los restantes segmentos de transporte y distribución necesarios para que la cocaína llegue a las calles de los EE.UU. Perú y Bolivia, países productores de cocaína, sus vecinos, y la mayoría de los países centroamericanos,  sirven con carácter creciente de lugares de transbordo. Las pautas de distribución de este mercado siguen evolucionando. La cocaína se trafica a Europa por el Caribe y, cada vez más, por África. España practicó las mayores incautaciones de cocaína de Europa en 2005, seguida de Portugal y los Países Bajos, lo que denota tanto la firmeza de las medidas nacionales de represión como el aumento del tráfico hacia esos países.

 

El mercado de consumidores de cocaína a nivel mundial se calcula en unos 14 millones de personas. El narcotráfico florece porque hay demanda. Si hay demanda debe haber oferta también. ¿Pero que pasaría si las drogas no fueran prohibidas­? Puede sonar contradictorio pero me parece que es la única posibilidad de solucionar este problema.

 

Ola Czajka©2008



[1] Un cartel es un consorcio de empresas cuya dominación combinada de una industria es tan completa que pueden colaborar para fijar los precios y manipular el mercado en beneficio mutuo.

[2] El objetivo de la operación, que generalmente se realiza en varios niveles, consiste en hacer que los fondos o activos obtenidos a través de actividades ilícitas aparezcan como el fruto de actividades legítimas y circulen sin problema en el sistema financiero.

 

BIBLIOGRAFÍA, TEXTOS CITADOS:

Informe Mundial sobre las drogas 2007, publicación de Naciones Unidas

Laurent Laniel, El narcotráfico y los problemas derivados de la droga en América Latina

Virginia Montanes, Economía ilegal y narcotráfico en América Latina, Indymedia Argentina, Centro de Medios Independientes (10/04/2003)

Colombia politics: Coca and cocaine in the Andeas, Andean Information Network contibuted by The Economist Intelligence Unit Views (17/03/2006)

REUTERS (20/04/2008), Luís Jaime Acosta, Un muerto y 14 heridos dejan protestas de cocaleros en Colombia.